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TALLER TEMÁTICO DESARROLLO SOCIAL

2026-04-01
Por: CONSEQRO


¿Qué dice el plan?

 

El Plan Querétaro 2050 plantea el desarrollo social como uno de los pilares fundamentales para el futuro del estado, con un enfoque centrado en la equidad, el bienestar y la reducción de desigualdades. Actualmente, Querétaro presenta condiciones relativamente favorables en comparación con el promedio nacional, pero aún enfrenta retos importantes. En 2022, el 21.7% de la población se encontraba en situación de pobreza y el 29.2% por debajo de la línea de bienestar, lo que significa que casi una tercera parte de las personas no cuenta con ingresos suficientes para cubrir sus necesidades básicas. A pesar de que estos niveles son menores que los del país en su conjunto, siguen representando un desafío relevante para la calidad de vida de la población.

 

En términos de desigualdad, el estado ha logrado avances importantes en las últimas décadas, reflejados en la disminución del coeficiente de Gini, que mide la distribución del ingreso. Sin embargo, el propio plan reconoce que el crecimiento económico no ha beneficiado de manera uniforme a toda la población. Por ello, se establecen metas ambiciosas hacia 2050, como reducir la pobreza a menos del 10%, garantizar ingresos promedio de al menos tres salarios mínimos sin brechas de género y fortalecer el acceso a servicios fundamentales como vivienda, salud, educación y alimentación. Además, se busca promover la cohesión social a través del fortalecimiento de redes comunitarias y del tejido social, entendiendo que el bienestar no depende únicamente del ingreso, sino también del entorno en el que viven las personas.

 

 

¿Qué dijeron los especialistas?

 

A partir de este planteamiento, la mesa de trabajo sobre desarrollo social aportó una visión crítica que enriquece y cuestiona algunos de estos objetivos. Uno de los principales señalamientos fue que, aunque las metas son correctas en dirección, resultan poco específicas y pueden no reflejar la complejidad real de la pobreza en el estado. Se destacó que, al considerar sus distintas dimensiones, la pobreza podría ser significativamente mayor, y que además existen sectores poco visibilizados, como las zonas rurales, donde las condiciones de desigualdad son más profundas. También se señaló que el crecimiento urbano y la migración están generando nuevas formas de vulnerabilidad, incluyendo el aumento de personas en situación de calle.

 

La discusión también enfatizó que la pobreza no debe entenderse únicamente como falta de ingreso, sino como un fenómeno estructural relacionado con múltiples factores, como el acceso a la vivienda, la alimentación, la educación y las condiciones laborales. En este sentido, se mencionó que incluso personas con altos niveles de estudio pueden encontrarse en situación de pobreza debido a la precarización del empleo y al encarecimiento del costo de vida, especialmente en vivienda y servicios.

 

En cuanto al ingreso, se cuestionó el uso de promedios como indicador principal, ya que estos pueden ocultar desigualdades importantes entre regiones y grupos sociales. Se planteó la necesidad de analizar el bienestar desde una perspectiva más amplia, considerando en qué se gasta el ingreso —como salud, transporte o cuidado de los hijos— y si realmente permite cubrir una vida digna. Asimismo, se destacó que aumentar los salarios no necesariamente mejora las condiciones de vida si no va acompañado de servicios públicos adecuados.

 

Otro punto relevante fue la reflexión sobre los programas sociales. Se señaló que, si bien son necesarios, en algunos casos pueden generar dependencia o no atender las causas estructurales de la pobreza. Por ello, se propuso replantear su diseño para que estén vinculados con la educación, el desarrollo de capacidades y la autonomía de las personas, incorporando también la perspectiva de quienes reciben estos apoyos.

 

En el ámbito de las estrategias, se identificaron retos importantes. La formalización del empleo, por ejemplo, es vista como necesaria, pero difícil de lograr en la práctica, ya que muchas personas no están dispuestas o no pueden asumir los costos asociados. En materia de vivienda, se cuestionó que los modelos de desarrollo vertical no siempre responden a las necesidades y preferencias de la población, especialmente en comunidades con dinámicas culturales distintas, y que incluso pueden generar problemas como gentrificación o exclusión. Finalmente, se destacó la importancia de fortalecer el tejido social, promoviendo la convivencia, el cuidado comunitario y la inclusión, como elementos clave para un desarrollo social sostenible.

 

En conjunto, tanto el plan como las aportaciones de la mesa coinciden en que el desarrollo social de Querétaro requiere una visión integral. Más allá del crecimiento económico, el verdadero reto está en garantizar que ese desarrollo se traduzca en mejores condiciones de vida para todas las personas, considerando las diferencias territoriales, las dinámicas sociales y las múltiples dimensiones que conforman el bienestar.


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