
El Plan entiende la cultura como un derecho y como un medio para el desarrollo integral, orientado a construir una sociedad más justa, inclusiva y cohesionada, con acceso equitativo a bienes, servicios y expresiones culturales sin importar el origen social, económico o territorial. En el diagnóstico, destaca un crecimiento sostenido de la infraestructura cultural: los establecimientos culturales pasaron de 140 (1990) a 344 (2024), y el estado cuenta con 55 museos, con una de las tasas más altas por habitante en el país; además, la afluencia a museos en 2023 fue de 876,628 visitantes. Hacia 2050, el Plan anticipa que la demanda por el crecimiento poblacional requerirá un salto importante: señala que los espacios culturales tendrían que duplicarse para superar los ochocientos, y estima la necesidad de alrededor de 478 nuevos inmuebles (auditorios, teatros, museos, galerías y casas de cultura) con incorporación amplia de tecnología digital y cobertura para todos los sectores sociales. Entre los riesgos, advierte que la insuficiencia de actividades y espacios culturales y deportivos para niñas, niños y adolescentes puede mermar el desarrollo integral, debilitar la continuidad de tradiciones y favorecer la fuga de talento cultural, deportivo y artístico.
En ese horizonte, el Plan plantea como aspiración conservar tradiciones, posicionar al estado como sede de un festival cultural y un museo de talla internacional, y sostener el fomento continuo de la industria creativa. Para avanzar, propone crear espacios públicos y entornos seguros y no violentos que fortalezcan comunidad, cultura de paz, tradiciones e identidad territorial, y desarrollar la cultura mediante un clúster de industrias creativas, vinculación nacional e internacional, difusión de marcas culturales del estado, y construcción/digitalización/rehabilitación de espacios culturales multimodales con una meta de 20 espacios por cada 100 mil habitantes.
En la mesa, la recomendación principal fue precisar el planteamiento para que refleje mejor la dimensión social de la cultura y su papel formativo: se sugirió orientar la propuesta no solo al artista, sino al impacto en la sociedad, entendiendo la cultura como transmisión de valores y cohesión comunitaria. También se pidió mayor especificidad en el concepto de “festival cultural” (por ser demasiado amplio) y se propuso una referencia de escala y prestigio comparable a un festival tipo Cervantino. Un énfasis recurrente fue la descentralización: promover rutas culturales y visibilizar la riqueza de los distintos municipios, evitando que la oferta se concentre en el centro histórico, y fortaleciendo la red de centros culturales como infraestructura de base.
En términos de estrategias, la mesa reforzó la necesidad de una cadena planificada de centros culturales (definiendo en qué zonas deben construirse), crear un clúster artístico y asegurar que los eventos sean accesibles económicamente, además de impulsar educación cultural y el redescubrimiento de la cultura queretana. Para el fomento de la industria creativa, se propuso aprovechar herramientas digitales para ofertar y difundir cultura, acompañar la gestión del cambio en comunidades artísticas, promover inversión con incentivos (incluidos fiscales), y construir instrumentos prácticos como un archivo vivo y un directorio de creadores y servicios culturales. Finalmente, en el componente de espacios, se sugirió complementar la visión de espacios públicos con la necesidad de espacios privados seguros, incorporar movilidad cultural segura para familias, mejorar la dignidad y calidad de los recintos, reconocer el vínculo entre expresión artística y bienestar emocional, y explorar sinergias con deporte y cultura física como parte de una agenda cultural más amplia e incluyente.